Història, Trencadís 03, Xavier Oms

Touchet y la fábrica de gas (I)


Imagen superior: José Campo Pérez -Marqués de Campo. La Ilustración Española y Americana 1888 

En la noche del 24 de agosto de 1898, València quedó a oscuras debido al rechazo de Agustín Touchet Giblet, gerente de la fábrica del Llano del Remedio, de suministrar gas gratuitamente. Este evento marcó el primero de varios “apagones” en la ciudad, cuyas razones se revelarían posteriormente.

Xavier Oms

El 13 de mayo de 1849 nació en Saint Mammés, población junto al Sena cercana a París, Augustin Giblet; se sabe que fue movilizado durante la guerra franco-prusiana y que llegó a sargento mayor. Acabada ésta, fue nombrado recaudador de contribuciones en Trilport. Su labor no debió ser muy ética, pues según se cuenta pidió el traslado a Chessy tratando de eludir ciertos asuntos con la justicia. Pero estos problemas le obligan de nuevo a buscar refugio esta vez en París, estableciéndose en la calle Choron 7, junto a una tal Eugénie Durand.

Hasta aquí un fragmento resumido de una biografía de Agustín Touchet-Giblet, dada a conocer por Vicente Blasco Ibáñez en el diario El Pueblo en octubre de 1898. Y aprovecho este inciso para aportar unos datos que considero interesantes.

DE AUGUSTIN GIBLET A
MONSIEUR TOUCHET Y SEÑORA 

Según el acta de nacimiento de George Touchet-Giblet Parizot a la que he tenido acceso, nació el 4 de abril de 1883 en la calle Choron 7, siendo la madre Eugénie Parizot y de padre “non dénommé”. Tres años después, el 20 de agosto de 1896, es legitimado por el matrimonio Augustin Giblet y Marie Sophie Parizot, casados el 3 de marzo de 1894. Consultado el árbol familiar de los padres de Marie Sophie Parizot, no figura ningún familiar con el nombre de Eugénie, lo que me hace sospechar junto con otros datos que más adelante se verán, que las susodichas Eugénie y Marie Sophie eran la misma persona, y que tanto el nombre como el apellido Durand, como también figura en algunos documentos, son falsos.

Pero sigamos con el informe de Blasco en el diario El Pueblo. Hemos dejado a Augustin Giblet en París, allí establece negociaciones con una razón social denominada “Touchet et Harricort”. Asuntos ruinosos y otros de dudosa legalidad, le ponen de nuevo en el punto de mira de la justicia. Fallece su socio apellidado Touchet, y M. Augustin se pone en contacto con su viuda y tras previo pago, se hace con la documentación del fallecido y “toma” su apellido. Perseguido por la policía, se refugia en casa de un amigo. Acude allí un comisario para detenerlo, pero Giblet está en ese momento en su casa de la calle Choron 7. La portera de la casa de su amigo corre a avisarle de que la policía va tras él. Rápidamente, Giblet guarda dinero y otros valores en una maleta y con su compañera huyen a un pueblo cercano a París, en su estación cogen un tren con destino a Bruselas. Allí se le pierde la pista, y tras una breve estancia en Italia recalan en Madrid con el nombre de M. y Mme. Touchet.

DE ROSALÍA REY A
MARQUESA DE CAMPO

Rosalía Rey Loisselet estaba en París trabajando como institutriz en casa de un banquero apellidado Cohen. Allí tuvo una relación amorosa con un hijo del banquero de nombre Julio, del que quedó embarazada. Para evitar el presumible escándalo se trasladó a Toulouse, donde dio a luz a un niño que fue inscrito en el Registro Civil con el nombre de Mariano Gustavo Corneville, quedando a cargo de la familia de Rosalía. Algunos años más tarde Rosalía conoce en Marsella a José Campo Pérez, con quien contrae matrimonio convirtiéndose en la primera Marquesa de Campo.

Pasan los años, su hijo Mariano Gustavo ha crecido, se ha casado y es padre de dos niños, Rosalía y Mario, que al morir tempranamente su padre, son acogidos por un hermano de la madre, el abate Fer. Tanto su abuelo como su abuela, la ahora Marquesa de Campo, se encargan de su pensión. Al fallecer, la marquesa les deja como única herencia una renta vitalicia de 2500 francos franceses. 

EL MARQUÉS Y SUS MUJERES

José Campo y Rosalía Rey se conocieron en Marsella y allí se casaron, tuvieron una hija, Josefa, que falleció al poco de nacer. Esto y su amor a Rosalía, no fueron óbice para que el marqués se prendara de una joven cubana, Amparo Bruna y tuviera con ella un hijo, José María Luis Bruna, que aunque no le dio su apellido, sí que solicitó de Alfonso XII que a su muerte ostentara el título de segundo Marqués de Campo, nombrándolo heredero de sus bienes. El 4 de enero de 1889 falleció su esposa Rosalía, pero tampoco tuvo ningún reparo, para que tan solo veintiséis días después, el 30 de enero, solicitara permiso para casarse en segundas nupcias con Luisa Solá, viuda de Recur. Pero este matrimonio, que se celebró el 9 de marzo, iba a durar poco: el 19 de agosto de ese año falleció José Campo Pérez, Marqués de Campo.

TOUCHET PONE EN SU PUNTO DE MIRA A LOS NIETOS DE LA MARQUESA DE CAMPO

Pero volvamos a Madrid donde habíamos dejado a Augustin Giblet, ahora convertido en Agustín Touchet; su don de gentes y su habilidad para ganarse la confianza de los demás le hace conocedor de una confidencia que, si la maneja bien puede reportarle pingües beneficios. El caso es que Amparo Bruna, la amante del Marqués de Campo, conocía la existencia de los dos nietos de la esposa del marqués y por una indiscreción suya la noticia voló de boca en boca hasta anidar en los oídos de Touchet. Un auténtico regalo que no iba a dudar ni un momento en exprimir hasta sacarle la última gota. 

El primer paso antes de partir hacia Carpentrás, una población de la Provenza francesa cercana a Marsella en busca del abate Fer, fue asociarse con un abogado y político llamado Bernardino Franco Alonso e instruir a todo su círculo de amistades para que, en caso de solicitárselo, como así sucedió, facilitara excelentes informes de su persona y de su profesionalidad. Con su labia y los informes recibidos, el religioso quedó plenamente convencido de que Monsieur Touchet era la persona ideal para gestionar el reconocimiento de los dos nietos de la primera Marquesa de Campo, que acababa de fallecer, como únicos herederos suyos con pleno derecho. Una herencia que estaba valorada en dieciocho millones de pesetas.

DE ROSALÍA Y MARIO CORNEVILLE A ROSALÍA Y MARIO REY

El segundo paso fue convocar al abate Fer y a sus ahijados a una reunión con el abogado Franco Alonso en París, donde ultimaron los detalles de la operación. Dado que ni el abate ni nadie de su familia tenía recursos para soportar los gastos que suponían todo los trámites para recuperar la herencia de la marquesa, Touchet se ofreció muy generosamente a costearlos a cambio de … el cincuenta por ciento de la herencia, o sea nueve millones de pesetas. El abate Fer, en cuestiones piadosas debía de estar muy instruido, pero en asuntos judiciales y económicos andaba algo perdido, así que sopesó el que continuaran sus sobrinos con los 2500 francos de pensión que les había dejado su abuela o con una herencia de nueve millones de pesetas. Y lo tuvo claro, para gozo y regocijo de M. Touchet y su abogado.

Establecida la demanda, el tribunal de Carpentrás emitió sentencia en junio de 1890 dictaminando que Rosalía y Mario Corneville eran nietos legítimos de Rosalía Rey, otorgándoles el apellido Rey.

Y AHORA LE TOCA EL TURNO
A JOSÉ MARÍA LUIS BRUNA “EL MARQUESITO”

El Marqués de Campo y su esposa Rosalía Rey, en testamento otorgado el 2 de junio de 1881, habían designado heredero universal a su “nieto” José María Luis Bruna, en realidad hijo natural fruto de la relación habida entre José Campo Pérez y Amparo Bruna Richoux. Tras el fallecimiento de Rosalía, dejó nuevo testamento, según el cual José María seguía siendo el heredero y doña Luisa Solá su albacea. Pero, posteriormente, este testamento, gracias a la intervención del inefable Touchet y su abogado, sería declarado nulo.  Atado el primer cabo, el objetivo siguiente era el, en ese momento único heredero del marqués, José María Luis Bruna. Touchet puso la maquinaria en marcha; convocó en Madrid al tutor de José María – la mayoría de edad por aquel entonces estaba en los veinticinco años- y a sus abogados. Poco le costó convencerles de que la opción mejor era llegar a un acuerdo, ya que los nietos de la marquesa habían sido legalmente reconocidos como tales y por tanto con pleno derecho a una herencia que iban a reclamar. Conseguido esto, convocó una segunda reunión en Madrid con las partes implicadas, y entre él y el abogado Bernardino Franco Alonso lograron un acuerdo, por el qué los hermanos Rey se quedaban con el palacio del Marqués de Campo en la plaza del Arzobispo de València y la Fábrica de Gas del Llano del Remedio, y José María Luis Bruna, “El Marquesito”, como lo llamaban en la prensa de Madrid, describiéndole como un “multimillonario, joven, gallardo y calavera”, con el magnífico palacio que los marqueses poseían en el Paseo de Recoletos de Madrid y una lujosa villa en la localidad francesa de Arcachon, quedando Touchet como administrador y gerente de la Fábrica de Gas. Como comentaba Blasco Ibáñez en El Pueblo en noviembre de 1898, “los Rey cambiaron un caballo de gran valor por un borrico de poco precio”. Todo ello, con la aquiescencia y la bendición del abogado y político Vicente Romero Girón, que más tarde en el conflicto del suministro de gas a la ciudad de València, jugaría un papel muy importante, siendo ya Ministro de la Corona, en contra de los intereses de la ciudad.

Pero esto lo dejo para la siguiente entrega, en la que veremos cómo el señor Touchet, ya no solo como administrador  y gerente, sino también como propietario de la Fábrica de Gas del Marqués de Campo,  dejó a oscuras durante varios meses a la ciudad de València