La València de Laura Garcés
Licenciada en Derecho por la UV aunque desde hace más o menos treinta años soy redactora del diario Las Provincias. Enamorada de las letras que acompañan nuestras vidas disfruto paseando Valencia a la caza de sus rótulos. Las presas que consigo la publicó en las redes sociales en mi serie ‘València en rótulos’ y también en los vídeos que sobre este universo publico en la red Instagram de Las Provincias. Me encanta pensar que un día los amantes de estos elementos urbanos conseguiremos que todos miremos hacia arriba para descubrir la grandeza de los letreros que ilustran nuestras calles.
Un bar: Erajoma, en la plaza de Reyes Prósper. Y el desaparecido bar Glorieta.
Un paseo: Avenida de Blasco Ibáñez desde Avenida de Cataluña hasta Botánico Cavanilles. Es un paseo delicioso perfumado por el aroma de ese gran árbol de sombra que es el platanero. Los pasos permiten interesantes encuentros con la obra de Goerlich en el C.M Luis Vives y las facultades de la UV -las que se han librado de la piqueta- concebidas por Moreno Barberá junto a singularidades como la Facultad de Medicina, el actual Rectorado y los bellos chalés de los periodistas. Un placer estético.

Una tienda: La librería de viejo La Guarida de las Maravillas. Me encanta el lugar y adoro su nombre. En la plaza de La Tapinería.
Una calle: Avenida Antiguo Reino de València. Pasearla es como cruzar un puente entre dos valencias.
Un nombre de calle: De la tertulia. No cabe mayor elocuencia.
Un detalle urbano: El letrero del Garage Guimerá. Sí, sí, con dos ges. Él es así, diferente. ¿Extravagante? Todo tiene una explicación.
Un ‘esmorçar’: Café con leche, con la leche natural y pan -pan- tostado con aceite -no hay otro que el de oliva- y sal.
Una comida: Siempre arroz al horno, siempre en casa. No me gusta comer fuera. Me cansa el espectáculo de la comida.
Un recuerdo: Los días de compras con mi madre en la desaparecida tienda Almacenes España. Inolvidable el instante que seguía en el momento en el cual el dependiente desplegaba la pieza de tejido sobre el azulejo. Ella deslizaba la tela entre sus dedos pulgar y índice en el que parecía una búsqueda de familiaridad, de entendimiento. Mirábamos y mirábamos las piezas plegadas en los estantes señalando que nos gustaba esa, esa y la otra hasta divisar los estampados de flores de aquellas sensacionales cretonas.
Un Museo: El Museo Nacional de Cerámica González Martí. Es el primer museo de mi vida. Allí, de la mano de mi madre, encontré el que el tiempo me descubrió que es el poder de atracción de la belleza, el valor de la estética.
Un puesto del Mercado Central: Todos los de frutas y verduras. ¡Qué espectáculo !
Un libro: sobre València: ‘Tranvía a la Malvarrosa’, de Manuel Vicent. Descripciones, emociones, colores, sensaciones. Una obra que habla de empezar a partir de una historia que revisa pasados, pero sobre todo invita a seguir adelante en el deseo de conquistar nuevos mundos existenciales. Y todo con ese bellísimo hacer de Vicent.
Una canción: ‘La chica de ayer’, casi un himno para una generación. Antonio Vega la compuso en Valencia así que la canción alguna esencia de esta ciudad debe guardar.
Una foto: El claustro de la Universitat de València con la elegante escultura de Luis Vives enmarcada bajo el reloj.
Una definición de Valencia: La ciudad generosa, la que nunca se cansa de dar.
Un personaje: Serán dos. El doctor José Mir, la grandeza de 1800 trasplantes hepáticos y el retrato de humanidad que dibuja su sonrisa. Y el humanista Luis Vives, que cuando llegaron los inventores del apoyo social a los débiles él ya hacía muchos años que lo había inventado.



