¿Cuánto cuesta restaurar un
portón de madera de mobila?

Enrique Casamayor
Restaurador de portones
y muebles de madera 


Recientemente, en una de tantas conversaciones en un chat de facebook, comentaba con orgullo el placer de iniciar la restauración de un portón de un edificio del Ensanche de València. Me apetecía compartir con los demás la satisfacción de poder devolverle su mejor aspecto a un portón imponente de casi seis metros de altura, y conseguir que  esas maravillosas maderas de mobila y nogal español, recuperen su aspecto más elegante y natural, después de permanecer muchos años enterradas bajo capas de “olvido e ignorancia”. Inevitablemente, ya se sabe que hay gente para todo, una persona apareció por el chat para compartir con nosotros su problema: tenía un portón de madera de mobila, pero le habían pedido un dineral por restaurarlo. Finalmente, había optado por la mejor solución: cambiarlo por una puerta de moderno PVC, que le costaba tres veces menos y, además, aguantaba mejor la intemperie, por lo que no necesitaba ningún tipo de mantenimiento. Problema resuelto. Realmente, ¿cuánto cuesta restaurar un portón de madera de mobila?.

No se puede contestar a esta pregunta, aparentemente sencilla, sin tener en cuenta previamente una seria de consideraciones.

Hace muchos, muchos años, en un momento indeterminado, cuando Estados Unidos aún no existía y no era más que un conjunto de colonias británicas al otro lado del océano, en algún lugar del sur, en la región de la cuenca del Mississippi, posiblemente en Alabama, Louisiana o el propio estado de Mississippi, una semilla de pino melis, también conocido como pino amarillo del sur, germinó, dando paso a un ejemplar de pino que fue creciendo poco a poco, a la vez que las mencionadas colonias británicas daban lugar a una nueva nación.

Mientras nuestro árbol iba ganando porte, y los acontecimientos históricos iban marcando el devenir de esta nueva nación (declaración de independencia, abolición de la esclavitud, guerra de Secesión, conquista del lejano oeste, desarrollo económico y llegada de millones de inmigrantes, la Gran Guerra, etc.) llego el momento en que nuestro pino, con una edad de entre 150 y 200 años, alcanzó la altura y grosor adecuados para que su madera fuera explotada comercialmente. Una empresa maderera del lugar taló el árbol, lo llevó al aserradero, lo despiezó para darle el máximo aprovechamiento (vigas, tablas, tablones, listones, etc.) y dejó secar la madera obtenida durante el tiempo necesario para poder exportarla en condiciones óptimas.

Pasado este tiempo, llegó un pedido a esta empresa de buena madera de mobila, ni más ni menos que de la vieja Europa, de un lugar llamado València. La madera fue transportada hasta la ciudad de Mobile, de cuyo puerto zarpó un carguero que, semanas después, llegó al puerto mediterráneo. Se descargó en los recién terminados tinglados (por cierto, también he tenido la fortuna de participar en la restauración que se ha llevado a cabo recientemente del tinglado número dos, todo un acierto), y en ellos permaneció a buen recaudo hasta que la empresa de carpintería que había realizado dicho pedido de ultramar pudo recoger su valiosa mercancía para elaborar un majestuoso portón.

Los carpinteros valencianos sabían lo que hacían al comprar la madera de mobila.  Por cierto, dicho nombre se debe a un error, ya que se pensó que ése era el nombre de la madera porque todas las piezas llevaban dicha inscripción. Cuando se percataron de que simplemente se refería a la ciudad en cuyo puerto se había cargado la mercancía, ya era demasiado tarde: la gente había adoptado dicho  nombre para referirse a esa madera tan especial. No es de extrañar: en España hay muchas variedades de pinos y otras coníferas, algunas de muy buena calidad, como el pino de Valsáin, pero nada parecido al pino melis o pino amarillo del sur. Por eso se pensó que forzosamente debía tratarse de otra madera desconocida.

  El Gremio de Maestros Carpinteros fue, a lo largo de su dilatada historia (recientemente se han celebrado los primeros 800 años desde su creación), uno de los más importantes de València y, si nos atenemos a su importancia a lo largo de todo este tiempo, posiblemente el que más peso haya tenido a nivel social y económico, independientemente de crisis y de momentos de mayor o menor apogeo.  Su jerárquica organización y su excelencia técnica, permitieron transmitir la sabiduría y la técnica artesanal del trabajo de la madera entre generaciones y generaciones a lo largo de más de seiscientos años, hasta que las organizaciones gremiales fueron disueltas por las cortes de Cádiz en 1812, dando lugar a la organización propia del sistema capitalista a principios del siglo XIX, fundamental para el desarrollo de la Revolucion industrial . Sólo así se entiende que en una tierra donde la materia prima de calidad no abundaba, la gran cantidad de talleres que había en València y la excelencia técnica de sus artesanos, demandaban una cantidad de madera tal que, durante muchos años, se hacía llegar hasta nuestra ciudad a través del río Turia, talando los bosques de la serranía y del Alto Turia, y llevándolos a través del río directamente desde el monte hasta las afueras de la ciudad. Su importancia fue tal que se calcula que, a finales del s. XIX, había aproximadamente una carpintería por cada mil habitantes, lo que da una proporción similar a la cantidad de monumentos falleros que se plantan cada año en nuestras calles, respecto a la población actual.

Durante las últimas décadas del s. XIX y las primeras del XX, València vivió un momento álgido, inmersa en una sucesión de cambios que afectarían definitivamente a la fisonomía de la ciudad. El nuevo barrio del Ensanche aportó un lugar digno para vivir para esa clase social que demandaba otra ciudad, la burguesía, que pretendía imitar los hábitos de otras ciudades europeas (París, Viena, Barcelona), en cuyo espejo se miraban esta clase social pujante y emprendedora.

Las nuevas calles, los nuevos paseos y bulevares, fueron urbanizados por los mejores arquitectos, que construyeron un nuevo estilo de edificios con los mejores materiales disponibles. Sin duda, la madera de mobila cumplía a la perfección estas necesidades. Es una madera de lento crecimiento, lo que hace que su duramen sea de una gran dureza.  Los ejemplares utilizados en esta época tenían entre 150 y 200 años, por lo que aportaban una madera de unas dimensiones y unas características excepcionales. Además, la gran cantidad de trementina que tienen sus fibras hace que resista mucho mejor el ataque de insectos xilófagos, tanto carcomas como termitas, lo que resulta muy útil en un clima como el nuestro. En definitiva, si a estas características unimos su extraordinaria estabilidad  y su maravilloso aporte estético (fibras longitudinales que parecen hechas con un tiralíneas, y un precioso tono rojizo), la mobila fue con diferencia la madera más utilizada en nuestra ciudad durante esta época de crecimiento y expansión.

Terminado el portón, fue colocado en la entrada de un magnífico edificio del Ensanche que ahora está siendo rehabilitado. Este portón ha tenido que aguantar durante sus más de cien años de historia las bombas de la aviación fascista italiana durante la guerra civil, las aguas desbocadas del turia durante la riada del 57, el vandalismo de tantas noches de fiesta durante la movida valenciana de los 80, y la indiferencia  de los últimos años por la crisis económica, a la espera de mejores tiempos para llevar a cabo la rehabilitación del edificio.

Disfrutar de este momento, y comprobar que bajo capas de barniz y suciedad de todos los colores, sigue estando esta maravillosa madera que empezó sus días cuando aún no existían los Estados Unidos, y poder hacerlo con tus propias manos, es una emoción difícil de transmitir. En ocasiones, cuando paseo por València, me engaño a mi mismo, y desvío mi itinerario para pasar por alguno de los portones que he restaurado en los últimos años, y le pego una miradita para ver que tal está. Incluso, he sentido que el portón me reconocía y me guiñaba el ojo de la cerradura.

Ya no hay madera de mobila, porque actualmente está protegida (como es lógico), y ya no se talan árboles centenarios para fabricar puertas. La mobila que se comercializa ahora no tiene más de 25 años, y sus características no tienen nada que ver con la llamada mobila vieja. Tampoco se conocen ya las técnicas artesanales que durante siglos  transmitieron unos a otros los maestros carpinteros, o sencillamente se realiza un trabajo completamente mecanizado, de la misma manera que el Gremio de Maestros Carpinteros ha tenido que dar paso a ASEMAD.

Por todo esto, debemos ser conscientes del enorme valor que tiene el patrimonio del que podemos disfrutar en València con la madera de mobila.  Conservarlo, protegerlo, difundirlo, es tarea de todos: administración, propietarios, empresas, profesionales del sector, asociaciones.

Entonces, ¿cuánto vale restaurar un portón de madera de mobila?

                                                                                          

Estado del portón en la fase final del proceso de restauración.
Detalle de talla con motivos vegetales en madera de nogal español.​
Restos de barro aparecidos en el interior de la parte inferior de las puertas del zaguán. Sobre estas líneas, fotografia de la portada de Las Provincias en la riada del 57; Sorní 26 se encuentra a poco más de 100 metros del punto desde donde se tomó esta imagen.​