Orlando Ros, Trencadís 03

La estaca 1922-1925: prensa deportiva valenciana y militante 

Lorenzo Matamales, apasionado periodista y figura clave en la revista “La Estaca”, contribuyó a la efervescente sociedad valenciana de principios del siglo XX. Fundada en 1922, la publicación desafiante y combativa participó en las intensas rivalidades futbolísticas de la época. 

Orlando Ros. Es un paseo casi diario, por motivos laborales, por los alrededores del vetusto y querido Mestalla y miro de reojo y ya rutinariamente las fotos históricas que se instalaron hace años en las puertas de entrada, en un muy buen trabajo” remember”, la verdad…de lo mejor que ha hecho el club últimamente, incluyendo su equipo que milita en 1ª división, al menos en el momento que escribo esto, je, je… En una de las esquinas me llamaba la atención una ampliación de una publicación llamada “La Estaca”, y cada vez que pasaba por allí mi oxidado detector de rebeldes con causa me avisaba de que con ese nombre debía ser muy “cañera” esa revista…, pero un día me acerqué y vi que en el lema, debajo de la cabecera, ponía “Rotativo Balompédico Bolchevike”, lo que superó con creces mis sospechas de que a esta gente le iba la marcha. Por supuesto me encantó, y excitado por tan revolucionarios antecedentes decidí husmear un poco a ver de qué iba todo este asunto.

Me puse manos a la obra y tras una investigación low-cost, es decir, a golpe de Google y café, saqué la primera información: no había información…sólo el escritor y periodista José Ricardo March Arnao, el mejor narrador actual de relatos valencianistas había investigado convenientemente la historia de la prensa deportiva valenciana y, entre otras cosas, le había llamado también la atención La Estaca y sobre todo la interesante figura de Lorenzo Matamales del que luego hablaremos.  (Le agradezco desde estas muy modestas líneas a José Ricardo March su desinteresada amabilidad facilitándome información del tema, a través del querido Ángel Iturriaga, mi escritor futbolero de cabecera).

En la segunda mitad del s. xix , con la aparición de las incipientes actividades deportivas llevadas a cabo por las clases más pudientes de la época, aparte de puntuales reseñas en diarios y revistas de actualidad que se limitaban a anunciar estos actos,  empezaron a surgir algunas publicaciones específicamente deportivas o pseudo deportivas, (la primera fue El Cazador en 1856 y la segunda en aparecer en la península fue la revista valenciana “El Colombaire” en 1866,  con la particularidad de que era bilingüe), y poco a poco fueron apareciendo, en incesante goteo, publicaciones en este ámbito junto a secciones deportivas en periódicos generalistas, todas ellas entusiastas pero de efímera trayectoria. 

Matamales.

Pronto llegó la progresiva popularización de los deportes que necesitaban solo una mínima inversión, véase boxeo, ciclismo, y por encima de todos el balompié, que se coronó ya como el deporte rey, gracias al gran espaldarazo y fervor popular que supuso la consecución de la medalla de plata en los JJ. OO. de Amberes, en 1920, por parte de la selección española (aquella de Zamora, Samitier, Pichichi…) y allá por 1922, año clave y verdadero punto de inflexión, ya fue imparable la eclosión de prensa meramente deportiva. En el ámbito valenciano surgieron, aunque en número modesto comparado con otros territorios, una serie de publicaciones como Stadium, Levante Deportivo, Valencia Deportiva, etc.… que promulgaban más o menos una exaltación del deporte bien intencionada y generalmente imparcial. Y por otro lado aparecieron, principalmente debido a la creciente locura por el fútbol en nuestras ciudades y pueblos, un tipo de prensa más aguerrida y que no rehuía la confrontación, auspiciada por la rivalidad de los clubes que se disputaban la hegemonía balompédica en València como eran el Gimnástico FC. y el Valencia FC., que empezaban a levantar pasiones nunca vistas en el deporte, aunque en otros ámbitos ya eran habituales en esta hiperventilada ciudad los enfrentamientos políticos y taurinos, entre otros, o sea que ya nos pillaba entrenados… Estas publicaciones eran promovidas, sufragadas, y alentadas por ambos equipos y contaban con agitadores y/o periodistas propios.  Estos semanarios utilizaban un lenguaje burlón, hiriente y sarcástico heredero de la literatura sainetera y de “llibret” como sólo sabemos hacer por esta tierra. La pólvora estaba preparada, y la cerilla a punto de rascar la lija. Como buenos falleros en potencia que somos, el fuego no llego a causar desgracias, algunos empujones, alguna bofetada y sobretodo miles de discusiones y cientos de miles de insultos lanzados cruzando el entonces fresco aire de la huerta y el espeso humo de los caliqueños en los cafés y casinos….. El Gimnástico contaba de su lado con La Verdad Deportiva o Valencia Artística, y el Valencia con La Estaca, la publicación más original, gamberra y combativa en su época.

El primer número del semanario La Estaca apareció el 25 de noviembre de 1922, ellos lo llaman en su cabecera “estacazo nº 1” y en su diseño aparece un dibujo con grafía de la época y un tipo con una porra preparado para repartir mamporros a diestro y siniestro. En un recuadro aparece la frase “Saldremos cuando nos dé la gana, y procuraremos que nos dé la gana los sábados”. Todo esto bajo el lema “semanario futbolero bolchevike” apelativo este último utilizado simplemente para parecer más radical si cabe… No caben más indicios de sus intenciones en dos líneas. Genial. La dirección de su redacción aparece primero en la calle Pie de la Cruz nº 19, aunque luego fue variando al igual que la intermitencia de la actividad del semanario. (En el año 1924 la sede aparece en Conde Salvatierra nº 5). Su filosofía periodística era la agitación de la masa valencianista y su defensa ante el resto del mundo, véase equipos rivales, jugadores rivales, directivos rivales, prensa rival. Y punto. Adjetivos hirientes como “pollo mequetrefe”, “burriciego”, “Don Idiota”, “más tonto que la chaquetilla de un árbitro”, “se ha vendido como vulgar mujerzuela”, eran su arma habitual ante los adversarios… Su proximidad y amor al club les llevaba también a organizar sorteos, carreras, torneos para máxima gloria del equipo merengue, como ya le llamaba la prensa contraria, que no se quedaba atrás ni mucho menos. El alcance de su afilada lengua se aprecia casi más en las contestaciones de otras publicaciones rivales como por ejemplo “Murcia Deportiva”, englobado el equipo de esta ciudad en la Federación Deportiva de Levante y por lo tanto rival y por lo tanto objetivo. Al Valencia lo nombraban como “Cacauhet FC” y a La Estaca “La Cloaca”, “perro vendido a su amo”, entre otras lindezas. No hace falta decir que este tipo de batallas dialécticas eran recibidas por la afición con deleite lo que provocaba más afluencia a los estadios, que fueron ampliando su aforo, y más venta de revistas, claro. Esta fue la gran contribución de estas publicaciones al circo futbolero que se avecinaba.

Pero he guardado para el final la joya que escondía toda esta historia. La figura de Lorenzo Matamales Estopiñá, mentor y alma de la revista, digna de otro relato más extenso que este.  Hijo de un blasquista convencido que insufló a Lorenzo, nacido en 1896, ese espíritu librepensador, laicista, progresista y emprendedor que demostró durante toda su azarosa vida.  Fue expulsado de la Universidad, según cuenta él mismo, por “humanista y revolucionario”. Tras varios trabajos, en 1927 se afilió al partido Unión Republicana, como su padre, y se autodefinía “blasquista de cap a peus”. Unos años antes se hizo socio del Valencia FC. participando muy activa y pasionalmente en la vida del club y lanzándose inesperadamente al mundo del periodismo, fundando en 1922 Levante Deportivo y muy poco después La Estaca, su aportación más recordada y de cuyas “virtudes” ya hemos hablado. Tras el cierre definitivo de la revista se dedicó varios años al negocio familiar en una empresa de yesería en Algirós, siendo decorador de varios cines de la época como el cine Royal, en la antigua calle Socorro nº 8, entre otros. Mientras, desencantado con el partido blasquista se hizo militante de Izquierda Republicana y comenzada la guerra Civil se afilió a UGT y sirvió en el Cuerpo del Tren del Ejército Republicano. A los pocos días de terminar la contienda fue detenido por falsas acusaciones, como desgraciadamente otros muchos miles, señalado como comunista y agente del SIM, acusaciones que poco después pudo demostrar que eran falsas, quedando en libertad. Sobrevivió ejerciendo distintos trabajos esporádicos, pero ante el peligro de volver a ser detenido decidió exiliarse a Portugal, donde parece ser que se dedicó a apoyar a grupos izquierdistas y fue nuevamente detenido. Malos tiempos para la lírica… En 1945 decidió dejar definitivamente la maltrecha península y emigrar a Méjico. Tras llevar unos pocos años en el país que tan generosa y valientemente acogió a nuestros exiliados, sus ganas de volver a escribir y la añoranza de su patria valenciana le llevó a ponerse en contacto con la Casa Regional Valenciana en México DF., donde empezó a colaborar con su revista “Senyera” dejándonos una serie de artículos y narraciones (47) muy emotivas, escritas en su valenciano particular. Visitó Valencia brevemente en los 70 observando melancólicamente los cambios en su querida ciudad y reflejándolos en varios sentidos artículos de la revista mejicana. Falleció en Los Ángeles en 1991.  

Verdaderamente la contribución de todas estas publicaciones casi desconocidas para nosotros, entre ellas La Estaca,  y de personajes tan singulares como Lorenzo Matamales, actor esforzado y apasionado del momento que le tocó vivir, tuvieron un gran impacto en la efervescente sociedad de entonces y que ha configurado hasta hoy nuestra manera de concebir el ocio, gestionar nuestras pasiones y a sentir de otra manera el pálpito de nuestra ciudad.