Cine, Trencadís 03

Helena  Cortesina, la Venus  valenciana

Irene de Lucas

Helena Cortesina, pionera valenciana en diarigir y producir cine en los años 20, destacó como bailarina y vedette, posando para Sorolla. En 1920, se reinventó como estrella de cine, dirigiendo “Flor de España”. A pesar del éxito, cerró su productora y se dedicó al teatro. Tras la Guerra Civil, emigró a Argentina, continuando su carrera teatral y cinematográfica hasta su fallecimiento en 1984. Su vida refleja la valentía y versatilidad de una mujer adelantada a su tiempo.

La primera mujer en dirigir y producir un largometraje en nuestro país se llamaba Helena Cortesina, y era valenciana. Nació en el barrio del Cabanyal un 18 de julio de 1903 y fue bautizada Elena Manuela Dolores Cortés Altabás en la Iglesia ade San Martín. Su madre, Manuela García Altabás y Alio, natural de Ollería, era una cantante de café teatro que enamoró perdidamente a Manuel Hernán Cortes y García —hijo de un exconcejal del Partido Liberal y secretario del Ayuntamiento de Valencia—, quien, más interesado por la literatura y la vida bohemia que por sus estudios de Derecho, adquirió cierta fama como sainetero con su obra más conocida: ¡Fora Baix! (estrenada con gran éxito en el Teatro Ruzafa en febrero de 1896). Su banquete de bodas se celebró en torno a 1901 en los salones de la casa de la familia Climent, propietaria de la fundición La Maquinista Valenciana y primos de Hernán. Elena fue la primogénita de cuatro hijos, y como contaba ella misma, ya de niña sintió una temprana inclinación por la danza: «La niñera, para contestarme, tenía que bailarse conmigo los «schotixes» y pasodobles que sabía. Apenas andaba, cuando mi madre tocaba al piano bailables, yo seguía el ritmo adecuado, ante el asombro de parientes y amigos». 


Helena Cortesina posa en la playa de La Concha vestida con un maillot de baño inspirado en el personaje Irma Vep; verano de 1920.
Fotógrafo: Ricardo Martín. Kutxateka / Fondo Photo Carte

Elena adopta el nombre artístico de Helena Cortesina —con H de helénico— desde su debut profesional como bailarina en el Teatro Novedades de Barcelona, en agosto de 1916, con apenas trece años. Y aunque en febrero de 1917 ya se presenta al público madrileño en el escenario del Romea, en verano volverá a Valencia para actuar todas las noches de junio en la Gran Verbena de San Juan. Fue precisamente durante ese verano en el que actuaba en la Plaza de Toros y en el Teatro Martí, al tiempo que desfilaba en carroza en los festejos de la Batalla de las flores, que posó por primera vez para Joaquín Sorolla. Aunque éste no pintó Danzarinas griegas hasta el otoño de 1917 en el jardín de su casa madrileña, Helena aprovechó este primer posado para pedirle que le hiciera un cartel a partir de los bocetos, con el que promocionar sus espectáculos en Madrid. Antes del mes de octubre Sorolla les envió el cartel con la dedicatoria «A mi amiga Elena. Su affmo J. Sorolla», cartel a carboncillo que fue estampado por la reputada casa valenciana de litografías Durá y que causó sensación en Madrid. No fue el único obsequio del pintor. A partir de enero de 1919 la prensa empezó a referirse a Helena con el epíteto que le habría regalado también Sorolla: «la Venus valenciana», y que servirá para apuntalar definitivamente su imagen artística como vedette de music-hall.

ƒA pesar de que Helena se esforzó en crear y controlar esta imagen, de ahí que la asociara a la cultura clásica para cubrir de un halo de respetabilidad sus espectáculos, no exentos de una carga de erotismo, la prensa no siempre le ayudó. En agosto de 1917, el periodista y escritor valenciano, Federico García Sánchiz, publicó la novela corta Paloma, cuya protagonista —una jovencísima bailarina del Romea que su madre prostituye al mejor postor— se inspiraba claramente en Helena y aludía indirectamente al estudio de Sorolla como picadero. En Valencia el rumor corre como la pólvora y hasta se hacen chistes al respecto, tanto es así, que Manuela Altabás escribe una carta a Sorolla implorándole que intervenga públicamente y haga que Sánchiz, «un gran canalla», se retracte de sus «calumnias» en ese «libelo infame» en el que «hace tripas mi piel y la de mi pobre Helena».


Helena Cortesina en una escena de Flor de España (H. Cortesina, 1921). De sus autores ©️ Ministerio de Cultura y Deporte, Archivo General de la Administración [MCSE, F/02111 ]

Tras un viaje fugaz a EE.UU. en el verano de 1918, Helena diseña una estrategia publlicitaria para reinventar su imagen artística y asociarla con el imaginario de las estrellas de cine emergentes, adelantándose con ello a la implantación de un star-system en el panorama nacional. Así, en el verano 1920 organiza un posado en la playa de La Concha, enfundada en un maillot negro de cuerpo entero como el que vestía Irma Vep, el célebre personaje que interpretó la estrella del cine mudo francés Musidora en el serial policiaco Les Vampires (Feuillade,1915-1916). Con el objetivo de conseguir la máxima difusión posible, Helena convoca a varios fotógrafos a la cita y obtiene una amplia tirada de postales que se venderán a centenares por todo el país; el fotorreportaje tendrá amplia cobertura en la prensa nacional y extranjera y las fotos seguirán circulando durante décadas. Su operación de marketing personal fue un rotundo éxito. Ese mismo otoño, la productora Atlántida le ofrece protagonizar su primera película como intérprete, La inaccesible (J. Buchs, 1920), junto a un también debutante Florián Rey. El filme se estrena en abril de 1921, y un mes después, con diecisiete años, Cortesina ya está anunciando en la prensa la creación de su productora familiar —Cortesina Films— y su intención de escribir, protagonizar y dirigir sus propias películas.

Flor de España

La primera y única película de Cortesina como cineasta, se rodó durante el verano de 1921 entre Madrid y Aranjuez, en gran medida para aprovechar la infraestructura que tenía Madrid Films (la empresa que su operador, Enrique Blanco, regentaba con su padre en la capital). Aunque pudiera parecer que Helena se lanzó a esta arriesgada aventura cinematográfica sin mayor experiencia que su intepretación en La Inaccesible, ahora sabemos, sin embargo, que la artista sabía más de cine de lo que habría cabido suponer. Y es que en 1910 su padre coregentó brevemente con Juan Picón Martín un negocio de venta de aparatos, accesorios y productos cinematográficos y fotográficos en Valencia, situado en los números 6 y 7 de la plaza Marino Benlliure (un local ocupado previamente por el fotógrafo Sr. Novella). El «Gabinete Foto Cinematográfico Corpi», pionero en España en su iniciativa de explotar el cinematógrafo en el ámbito doméstico, vendía a precio reducido aparatos y material de cine a particulares para la captura de recuerdos familiares. Por las reseñas de la época sabemos que Corpi también filmaba escenas familiares y realizaba impresión y positivado de negativo en su tienda, utilizando además, varias películas familiares rodadas por sus dueños como muestra. 

La empresa sobrevivió poco más de un año, pues en septiembre de 1911 Hernán llegó a Buenos Aires para unirse a las colonias fundadas por su amigo Blasco Ibáñez; el rotundo fracaso de esta experiencia le trajo de regreso a Valencia, donde, según Susana Climent, la vinculación de la familia Cortés con el Ayuntamiento propició su nombramiento como director del manicomio de la ciudad, puesto que ocupó hasta su muerte por tisis en enero de 1921. Con todo, la breve existencia de esta empresa paterna es muy relevante para contextualizar la iniciativa posterior de Helena, que, tras años de películas familiares, sin duda estaba familiarizada con el funcionamiento de una cámara y de otros accesorios de rodaje, pero que además pudo haber aprovechado parte del inventario de CORPI para equipar a su productora emergente.

Flor de España era un melodrama folclórico de temática taurina (combinaba así los dos géneros más exitosos en el periodo), una historia sobre el romance entre una florista y un organillero que  el destino separa, pero vuelven a reunirse años después cuando ambos alcanzan la fama, ella como artista y él como torero. Fue un proyecto especialmente ambicioso, pues incluía varias escenas de verbenas y corridas de toros con numerosos figurantes. El filme se preestrena en un pase privadoen Madrid, en octubre de 1921, y su primera proyección pública no será en España, pues su primer estreno será internacional, concretamente en Cuba, en la primavera-verano de 1922. La película no llega a la cartelera española hasta enero de 1923 —en Badajoz— y un problema con los intertítulos retrasa su estreno en los cines valencianos hasta el 21 de febrero, cuando se proyecta en el Teatro Ruzafa. La recepción del filme en la prensa es mayoritariamente positiva, se estrena en buena parte del territorio  nacional y tendrá cierta longevidad en cartelera, con múltiples reestrenos en varias ciudades, entre ellas Valencia, donde vuelve a proyectarse en el Gran Cine Ideal tres meses después de su estreno. Pero para entonces Helena ya había desmantelado su productora, tras conseguir entrar en el circuito teatral a finales de 1921 y tener su primera hija con el que será su pareja hasta 1936, el escenógrafo catalán e íntimo amigo de Lorca, Manuel Fontanals.En la década anterior a la Guerra Civil Helena viajará por Europa y vivirá en París, donde trabaja en varias obras teatrales. Cuando regresa a España en torno a 1930 integrará la compañía de Lola Membrives, con la que viaja a Argentina en 1933 y cosecha grandes éxitos junto a Lorca con Bodas de Sangre. Su estrecha amistad con el dramaturgo y con los integrantes de la Generación del 27 le llevará a unirse a la Alianza de Intelectuales Antifascistas por la Defensa de la Cultura tras el alzamiento militar, el mismo día en que cumple treinta y tres años. 1936 fue un año fatídico para Helena. Tras la muerte en febrero de su hija de trece años por problemas coronarios, su relación con Fontanals se rompe cuando éste no reconoce la paternidad de su nuevo embarazo. 

exilio a Argentina

Cortesina emigrará con su madre, hermanas y sobrinas a Argentina en mayo de 1937, donde colabora con otros exiliados españoles, entre ellos el escenógrafo valenciano Gori Muñoz. Allí seguirá trabajando fundamentalmente en el teatro, pero también con papeles secundarios destacados en varias películas, hasta su muerte en 1984, a los 81 años. Helena Cortesina recorrió medio mundo en su fascinante trayectoria profesional (EE.UU, Francia, Italia, Argentina, Perú, Uruguay…), y siempre presumió y se sintió orgullosa de ser valenciana. En la entrevista que concede desde su camerino de El Principe Carnaval en mayo de 1921 —una de las más extensas y personales que se conservan—, sabemos que el periodista era valenciano por una de sus respuestas: «Se lo dice una ‘paisaneta’». Y décadas después, cuando llega a Buenos Aires, la carta que publica en el diario La Nación para promocionarse, especifica: «En lo de nacionalidad, española y valenciana». Pero más allá de su nacimiento, de sus vínculos familiares y de todas las circunstancias vitales que le unen a esta ciudad, en las fotos familiares de Helena Cortesina, siempre sonriente y relajada, o jugando a las cartas en los camerinos, puede intuirse ese «mundo lúdico mediterráneo» al que se refería Berlanga cuando hablaba de la cualidad del alma levantina, la convicción de que la vida es para disfrutarla, a pesar de los envites del destino. 

Helena Cortesina encontró muchos reveses en su camino, pero siempre supo aprovechar las oportunidades que se le presentaron y conservar su sonrisa. La primera mujer en dirigir y producir un largometraje en nuestro país se llamaba Helena Cortesina, y era valenciana. Nació en el barrio del Cabanyal un 18 de julio de 1903 y fue bautizada Elena Manuela Dolores Cortés Altabás en la Iglesia ade San Martín. Su madre, Manuela García Altabás y Alio, natural de Ollería, era una cantante de café teatro que enamoró perdidamente a Manuel Hernán Cortes y García —hijo de un exconcejal del Partido Liberal y secretario del Ayuntamiento de Valencia—, quien, más interesado por la literatura y la vida bohemia que por sus estudios de Derecho, adquirió cierta fama como sainetero con su obra más conocida: ¡Fora Baix! (estrenada con gran éxito en el Teatro Ruzafa en febrero de 1896). Su banquete de bodas se celebró en torno a 1901 en los salones de la casa de la familia Climent, propietaria de la fundición La Maquinista Valenciana y primos de Hernán. Elena fue la primogénita de cuatro hijos, y como contaba ella misma, ya de niña sintió una temprana inclinación por la danza: «La niñera, para contestarme, tenía que bailarse conmigo los «schotixes» y pasodobles que sabía. Apenas andaba, cuando mi madre tocaba al piano bailables, yo seguía el ritmo adecuado, ante el asombro de parientes y amigos». 

Elena adopta el nombre artístico de Helena Cortesina —con H de helénico— desde su debut profesional como bailarina en el Teatro Novedades de Barcelona, en agosto de 1916, con apenas trece años. Y aunque en febrero de 1917 ya se presenta al público madrileño en el escenario del Romea, en verano volverá a Valencia para actuar todas las noches de junio en la Gran Verbena de San Juan. Fue precisamente durante ese verano en el que actuaba en la Plaza de Toros y en el Teatro Martí, al tiempo que desfilaba en carroza en los festejos de la Batalla de las flores, que posó por primera vez para Joaquín Sorolla. Aunque éste no pintó Danzarinas griegas hasta el otoño de 1917 en el jardín de su casa madrileña, Helena aprovechó este primer posado para pedirle que le hiciera un cartel a partir de los bocetos, con el que promocionar sus espectáculos en Madrid. Antes del mes de octubre Sorolla les envió el cartel con la dedicatoria «A mi amiga Elena. Su affmo J. Sorolla», cartel a carboncillo que fue estampado por la reputada casa valenciana de litografías Durá y que causó sensación en Madrid. No fue el único obsequio del pintor. A partir de enero de 1919 la prensa empezó a referirse a Helena con el epíteto que le habría regalado también Sorolla: «la Venus valenciana», y que servirá para apuntalar definitivamente su imagen artística como vedette de music-hall.

ƒA pesar de que Helena se esforzó en crear y controlar esta imagen, de ahí que la asociara a la cultura clásica para cubrir de un halo de respetabilidad sus espectáculos, no exentos de una carga de erotismo, la prensa no siempre le ayudó. En agosto de 1917, el periodista y escritor valenciano, Federico García Sánchiz, publicó la novela corta Paloma, cuya protagonista —una jovencísima bailarina del Romea que su madre prostituye al mejor postor— se inspiraba claramente en Helena y aludía indirectamente al estudio de Sorolla como picadero. En Valencia el rumor corre como la pólvora y hasta se hacen chistes al respecto, tanto es así, que Manuela Altabás escribe una carta a Sorolla implorándole que intervenga públicamente y haga que Sánchiz, «un gran canalla», se retracte de sus «calumnias» en ese «libelo infame» en el que «hace tripas mi piel y la de mi pobre Helena».

Tras un viaje fugaz a EE.UU. en el verano de 1918, Helena diseña una estrategia publlicitaria para reinventar su imagen artística y asociarla con el imaginario de las estrellas de cine emergentes, adelantándose con ello a la implantación de un star-system en el panorama nacional. Así, en el verano 1920 organiza un posado en la playa de La Concha, enfundada en un maillot negro de cuerpo entero como el que vestía Irma Vep, el célebre personaje que interpretó la estrella del cine mudo francés Musidora en el serial policiaco Les Vampires (Feuillade,1915-1916). Con el objetivo de conseguir la máxima difusión posible, Helena convoca a varios fotógrafos a la cita y obtiene una amplia tirada de postales que se venderán a centenares por todo el país; el fotorreportaje tendrá amplia cobertura en la prensa nacional y extranjera y las fotos seguirán circulando durante décadas. Su operación de marketing personal fue un rotundo éxito. Ese mismo otoño, la productora Atlántida le ofrece protagonizar su primera película como intérprete, La inaccesible (J. Buchs, 1920), junto a un también debutante Florián Rey. El filme se estrena en abril de 1921, y un mes después, con diecisiete años, Cortesina ya está anunciando en la prensa la creación de su productora familiar —Cortesina Films— y su intención de escribir, protagonizar y dirigir sus propias películas.

Flor de España

La primera y única película de Cortesina como cineasta, se rodó durante el verano de 1921 entre Madrid y Aranjuez, en gran medida para aprovechar la infraestructura que tenía Madrid Films (la empresa que su operador, Enrique Blanco, regentaba con su padre en la capital). Aunque pudiera parecer que Helena se lanzó a esta arriesgada aventura cinematográfica sin mayor experiencia que su intepretación en La Inaccesible, ahora sabemos, sin embargo, que la artista sabía más de cine de lo que habría cabido suponer. Y es que en 1910 su padre coregentó brevemente con Juan Picón Martín un negocio de venta de aparatos, accesorios y productos cinematográficos y fotográficos en Valencia, situado en los números 6 y 7 de la plaza Marino Benlliure (un local ocupado previamente por el fotógrafo Sr. Novella). El «Gabinete Foto Cinematográfico Corpi», pionero en España en su iniciativa de explotar el cinematógrafo en el ámbito doméstico, vendía a precio reducido aparatos y material de cine a particulares para la captura de recuerdos familiares. Por las reseñas de la época sabemos que Corpi también filmaba escenas familiares y realizaba impresión y positivado de negativo en su tienda, utilizando además, varias películas familiares rodadas por sus dueños como muestra. 

La empresa sobrevivió poco más de un año, pues en septiembre de 1911 Hernán llegó a Buenos Aires para unirse a las colonias fundadas por su amigo Blasco Ibáñez; el rotundo fracaso de esta experiencia le trajo de regreso a Valencia, donde, según Susana Climent, la vinculación de la familia Cortés con el Ayuntamiento propició su nombramiento como director del manicomio de la ciudad, puesto que ocupó hasta su muerte por tisis en enero de 1921. Con todo, la breve existencia de esta empresa paterna es muy relevante para contextualizar la iniciativa posterior de Helena, que, tras años de películas familiares, sin duda estaba familiarizada con el funcionamiento de una cámara y de otros accesorios de rodaje, pero que además pudo haber aprovechado parte del inventario de CORPI para equipar a su productora emergente.

Flor de España era un melodrama folclórico de temática taurina (combinaba así los dos géneros más exitosos en el periodo), una historia sobre el romance entre una florista y un organillero que  el destino separa, pero vuelven a reunirse años después cuando ambos alcanzan la fama, ella como artista y él como torero. Fue un proyecto especialmente ambicioso, pues incluía varias escenas de verbenas y corridas de toros con numerosos figurantes. El filme se preestrena en un pase privadoen Madrid, en octubre de 1921, y su primera proyección pública no será en España, pues su primer estreno será internacional, concretamente en Cuba, en la primavera-verano de 1922. La película no llega a la cartelera española hasta enero de 1923 —en Badajoz— y un problema con los intertítulos retrasa su estreno en los cines valencianos hasta el 21 de febrero, cuando se proyecta en el Teatro Ruzafa. La recepción del filme en la prensa es mayoritariamente positiva, se estrena en buena parte del territorio  nacional y tendrá cierta longevidad en cartelera, con múltiples reestrenos en varias ciudades, entre ellas Valencia, donde vuelve a proyectarse en el Gran Cine Ideal tres meses después de su estreno. Pero para entonces Helena ya había desmantelado su productora, tras conseguir entrar en el circuito teatral a finales de 1921 y tener su primera hija con el que será su pareja hasta 1936, el escenógrafo catalán e íntimo amigo de Lorca, Manuel Fontanals.En la década anterior a la Guerra Civil Helena viajará por Europa y vivirá en París, donde trabaja en varias obras teatrales. Cuando regresa a España en torno a 1930 integrará la compañía de Lola Membrives, con la que viaja a Argentina en 1933 y cosecha grandes éxitos junto a Lorca con Bodas de Sangre. Su estrecha amistad con el dramaturgo y con los integrantes de la Generación del 27 le llevará a unirse a la Alianza de Intelectuales Antifascistas por la Defensa de la Cultura tras el alzamiento militar, el mismo día en que cumple treinta y tres años. 1936 fue un año fatídico para Helena. Tras la muerte en febrero de su hija de trece años por problemas coronarios, su relación con Fontanals se rompe cuando éste no reconoce la paternidad de su nuevo embarazo. 

exilio a Argentina

Cortesina emigrará con su madre, hermanas y sobrinas a Argentina en mayo de 1937, donde colabora con otros exiliados españoles, entre ellos el escenógrafo valenciano Gori Muñoz. Allí seguirá trabajando fundamentalmente en el teatro, pero también con papeles secundarios destacados en varias películas, hasta su muerte en 1984, a los 81 años. Helena Cortesina recorrió medio mundo en su fascinante trayectoria profesional (EE.UU, Francia, Italia, Argentina, Perú, Uruguay…), y siempre presumió y se sintió orgullosa de ser valenciana. En la entrevista que concede desde su camerino de El Principe Carnaval en mayo de 1921 —una de las más extensas y personales que se conservan—, sabemos que el periodista era valenciano por una de sus respuestas: «Se lo dice una ‘paisaneta’». Y décadas después, cuando llega a Buenos Aires, la carta que publica en el diario La Nación para promocionarse, especifica: «En lo de nacionalidad, española y valenciana». Pero más allá de su nacimiento, de sus vínculos familiares y de todas las circunstancias vitales que le unen a esta ciudad, en las fotos familiares de Helena Cortesina, siempre sonriente y relajada, o jugando a las cartas en los camerinos, puede intuirse ese «mundo lúdico mediterráneo» al que se refería Berlanga cuando hablaba de la cualidad del alma levantina, la convicción de que la vida es para disfrutarla, a pesar de los envites del destino. 

Helena Cortesina encontró muchos reveses en su camino, pero siempre supo aprovechar las oportunidades que se le presentaron y conservar su sonrisa.